REVISTA WIPALA

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QUE QUEREMOS QUE SEA SOSTENIBLE ¿EL DESARROLLO?

Michel Estefan

Al acabarse la Segunda Guerra Mundial en 1946 el mundo quedo dividido en dos. Por un lado, quedaron los países pertenecientes al tratado de Varsovia liderados por la Unión Soviética, y, por otro lado, los aliados a los Estados Unidos agrupados en el tratado de la OTAN. La situación económica de muchos países europeos era crítica, pues habían invertido importantes porcentajes de su PIB en el mantenimiento de la guerra. De esta manera, ya siendo presidente, en su primer mandato, Truman había consolidado la conocida Doctrina Truman. Así pues, con una posición de extrema derecha se combatiría el comunismo en el planeta, poniendo en el mismo nivel a cualquier tendencia política de izquierda, doctrina que se esparciría por el mundo en los siguientes años, especialmente en Latinoamérica.

En el mismo año, y bajo la misma doctrina, se instala en Panamá la Escuela de las Américas (SOA Watch), base militar en la que el ejército de los Estados Unidos formó guerreros latinoamericanos para combatir el comunismo en la región. En este cuestionado lugar se instruyó a militares de toda América latina en métodos de tortura, métodos de detención y otras
aberraciones que atentan contra los derechos humanos. Es así como las dictaduras de derecha proliferaron en la región e los años 70. De esta manera llega el desarrollo a América latina, en forma de bota militar.

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Luego, en 1949, Harry Truman es reelecto y se posesiona por segunda vez como presidente de los Estados Unidos con su famoso discurso Four Point Speech (El Discurso de los 4 Puntos). En su alocución se propuso como objetivo recuperar al mundo de los estragos de la Segunda Guerra Mundial, pues como consecuencia de esta, muchos países estaban pasando por serias hambrunas. Sin embargo, estos 4 puntos enviaron a los países del sur global a ser regiones subdesarrolladas y así obligarlos a alcanzar “el tan anhelado desarrollo”. Lo postulado por Truman fue:

  1. Vamos a seguir dando apoyo inquebrantable a las Naciones Unidas y organismos conexos, y vamos a seguir buscando formas de fortalecer su autoridad y aumentar su eficacia.
  2. Vamos a continuar nuestros programas de recuperación económica mundial.
  3. Vamos a reforzar las naciones amantes de la libertad contra los peligros de la agresión (comunista).
  4. Tenemos que iniciar un programa nuevo y audaz para lograr que los beneficios de nuestros avances científicos y el progreso industrial disponible para la mejora y el crecimiento de las regiones subdesarrolladas.

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Este discurso, sobre todo el punto 4, relegó a muchos países del mundo a convertirse en pobres, ignorantes, que requerían de la cooperación internacional y de la intervención de los Estados Unidos para alcanzar la meta de convertirse en países desarrollados y democráticos. Tristemente, esto se hizo desde una visión epistemológica eurocéntrica, colonial y excluyente donde prima el conocimiento científico, reduccionista, compartimentado, estructuralista y lineal.

Esto hizo que comunidades enteras y países fueran dependientes de la política internacional dominada por E.E.U.U y su Doctrina Truman. Así pues, se relegaron al olvido los conocimientos de comunidades locales. Campesinos, negros e indígenas se homogenizarían bajo el concepto de desarrollo. De allí se derivó la imposición de la “democracia” gringa y se justificó la intervención a los países que se salían del corral. De esta filosofía hegemónica y totalitarista se derivaron aberraciones como la Operación Cóndor, que a punta de bota militar quisieron imponer la libertad y la democracia en América Latina. Y así nace el denominado Tercer Mundo, los países subdesarrollados. Hoy, más amablemente llamados, países en vías de desarrollo.

En 1948, en Colombia, la Winston Brothers Company inicia la construcción del embalse del Sisga, donde el profesor Orlando Fals Borda empieza a trabajar como secretario bilingüe de la obra. Allí conoce a profundidad el mundo rural andino de la época y se inspira para escribir su obra magistral “Campesinos de los Andes (1955)”. Esto abrió las puertas a dos
importantes hechos en la vida académica y política de los movimientos sociales latinoamericanos: por un lado, la creación de la primera Junta de Acción  Comunal de Colombia en la escuela de Saucio – Chocontá,  que por primera vez daría origen a la participación política a los excluidos del País y, por otro lado, la conceptualización y desarrollo de la Investigación Acción Participativa (IAP), herramienta metodológica que luego sería usada por otros investigadores latinoamericanos.

La IAP tuvo su clímax desde el I Simposio Mundial de Investigación Activa que se realizara  en 1977 en la Ciudad de Cartagena – Colombia. Donde el profesor Orlando Fals Borda la definió de la siguiente manera:

Una vivencia necesaria para progresar en democracia, como un complejo de actitudes y valores, y como un método de trabajo que dan sentido a la praxis en el terreno. … había que ver a la IP no sólo como una metodología de investigación sino al mismo tiempo como una filosofía de la vida que convierte a sus practicantes en personas sentipensantes. Y de allí en adelante, nuestro movimiento creció y tomó dimensiones universales.

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Así pues, El impacto de los trabajos del profesor Orlando Fals Borda abrieron las puertas para que las ciencias sociales se transformaran. Es así que, autores como Arturo Escobar, Boaventura de Sousa Santos, Enrique Dussel, Enrique Leff, Silvia Rivera Cusicanqui, Gudynas, entre otros muchos, empezaran a proponer alternativas al desarrollo emanadas de las culturas ancestrales de pueblos indígenas negros y campesinos de toda América Latina. Se empiezan a ver a las comunidades más allá de la ciencia y la ingeniería, a sentirpensar con la tierra y a construirse nuevas epistemologías surgidas desde el sur global.

Con esta nueva tendencia en la epistemología latinoamericana se reivindicaron los conocimientos y diferentes formas de ser y estar en el mundo, en uno de los continentes pluriétnicos y multiculturales del planeta. Así pues, se empezó a dar valor a los conocimientos locales, a la participación en la planeación territorial, a la creación de juntas de acción comunal alejadas del pensamiento eurocéntrico, estructuralista, que domina a académicos y políticos y que subyuga a las comunidades rurales negras e indígenas de nuestro
país y el mundo.

Así nacen nuevas alternativas al desarrollo conocidas como teorías del posdesarrollo. El Sumak Kawsay de los pueblos Aymara, sentipensamiento que se encuentra reflejado en las constituciones de Bolivia y Ecuador, la descolonización del pensamiento crítico de Boaventura de Sousa Santos como emergencia de los movimientos sociales latinoamericanos, El sentirpensar con la tierra de Arturo Escobar emanado de las profundidades de las selvas del Pacífico caucano y las teorías del decrecimiento, derivadas de la economía ecológica de los 70, en las que se tomó consciencia de los límites naturales frente a los sistemas de producción.

Así pues, desde el Club de roma en 1968, hasta las últimas Cumbres de la Tierra (Rio 92, Rio+10 y Rio+20), solo le han puesto un apellido bonito al desarrollo, ahora le decimos sostenible. Esto para perpetuar el modelo extractivista, consumista e individualista imperante en todas las actividades humanas de corte occidental. Seguimos teniendo un pensamiento tan colonial, si… como
como el de Colon.

Sin embargo, necesitamos como humanidad, volcarnos a nuevas economías más ecoeficientes, que se encuentren dentro de los límites naturales del planeta, que tengan en cuenta los saberes y conocimientos ancestrales, y, que en últimas, nos reconozcamos como seres sentipensantes en una conexión profunda con La Tierra, y a la naturaleza como sujeto de derechos y no como objeto de consumo.

Es así como en la actualidad, en tiempos de pandemia, es necesario que, como sociedad, empecemos a trabajar en la agricultura familiar, la soberanía alimentaria, en el fortalecimiento de las economías locales basadas en el cultivo de autoconsumo, en la restauración ecológica y la permacultura. Hoy la naturaleza nos muestra que tiene unos límites a la forma en la que consumimos, y, por ende, producimos. Llegó el momento de ver en el decrecimiento una forma política que nos permita respetar los límites naturales del planeta y, de esa manera, adentrarnos en nuevos y más profundos niveles de consciencia individual y colectiva.

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